Dejando
Huella 8M

Isabel María
Pío de Saboya y Spínola

Nació en 1719 en Madrid y murió en 1799 en Alicante.
Soñaba con el amor verdadero entre personas de distinta categoría social .
La recordarás por ser una Grande de España, con varios títulos nobiliarios, que fue desterrada a Alicante por casarse sin consentimiento con la persona que amaba.
Dejó su huella en la finca La Princesa, de Sant Joan d’Alacant, que recibió ese nombre en honor de su propietaria, que vivió allí feliz con su familia.

Isabel soñaba con que el amor no conociera de diferencias sociales, con poder elegir libre a quien amar.

Isabel María Pío de Saboya Moura y Spínola fue una Grande de España que coleccionaba apellidos de abolengo, títulos nobiliarios y propiedades por doquier, pero que lo perdió todo por amor. La princesa desterrada que encontró la paz y el sosiego en Sant Joan d’Alacant. Isabel María fue princesa de San Gregorio, marquesa de Castel Rodrigo y condesa de Fuensalida. Hija de una de las más influyentes familias italianas al servicio de la Corona española en el reinado de Felipe V, pasó de ser dama de la Reina Isabel de Farnesio a desterrada por sus actos.

Casada en primeras nupcias en 1736 con Manuel de Velasco López de Ayala, Conde de Fuensalida, enviudó diez años después sin hijos y sin fortuna por la mala administración de su dote. En 1747 volvió a casarse, esta vez con Antonio José Valcárcel Pérez-Pastor, Caballero de la Orden de Santiago, con tierras y mayorazgos familiares en Hellín y Letur, pero un hombre con una condición inferior a su rango y su nobleza.  Esa diferencia social provocó el disgusto de sus iguales y el cabreo de la aristocracia de la época, lo que derivó en perder su posición en la Corte por cometer un pecado: amar sin límites.

Desterrada por su matrimonio, declarado contrario a las costumbres de la época, llegó a Alicante en torno a 1748. El matrimonio entre Dña. Isabel y D. Antonio daría hasta 10 hijos e hijas, de los cuales sólo cuatro, llegaron a edad adulta: Antonio (un arqueólogo y aventurero, conocido por ser el Conde de Lumiares), Antonia, Francisco de Paula y Mª Luisa.

Isabel María primero adquirió una casa solariega en la ciudad de Alicante, cerca del mar, del Postiguet, en lo que hoy es el Palacio Gravina, sede del MUBAG. Y después buscó el descanso en un entorno rural, en la partida del Fabraquer, en Sant Joan d’Alacant, donde compraron una finca que llamaron, ¡cómo no!, La Princesa. Allí vivió feliz mientras cultivaban la vid y producían miles de cántaros de vino y botellas del famoso y preciado Fondillón, que se ganó el paladar de reyes y nobles de media Europa.

Ni siquiera regresó a Madrid cuando le levantaron el destierro. Su carácter y personalidad le hicieron permanecer en La Princesa hasta la muerte de su amado esposo.